Indagando en ecosistemas icónico-lingüísticos. Un experimento docente

Los días 13-15 de abril (2020) tuve la oportunidad de impartir un seminario sobre análisis computacional de imágenes a los estudiantes del máster de Humanidades Digitales de la UPO. Una experiencia telemática extraña pero productiva, como corresponde al tiempo de confinamiento en el que todavía nos encontramos.

Una de las actividades que realizamos, a modo de experimento, ha dado algunos resultados interesantes de observar.  La actividad tenía como objetivo confrontar a los estudiantes con los problemas asociados a la descripción «lingüística» de obras artísticas (en la forma de reproducciones digitales) mediante conjuntos de metadatos y después comprobar qué tipo de análisis se podían realizar con esos metadatos. Decidimos llevar a cabo un análisis de redes utilizando Gephi, dado que Gephi es un software abierto que, en su uso básico, no presenta demasiadas complicaciones.

La actividad consistió en lo siguiente: utilizando como base un modelo de datos muy simple previamente preparado en Excel, se les pidió a los estudiantes que asignaran un máximo de 10 palabras a un conjunto de 7 obras pictóricas seleccionadas por mí[1]. [Las que se muestran en la fig. 1]. Una vez realizado el registro de los datos, yo los integré y preparé para analizarlos con Gephi. El modelo de relación que utilizamos es también muy básico: una palabra apunta a una obra, lo que nos da un grafo bipartito dirigido.

Fig. 1. Clicar en la imagen para agrandar

 

Una de las proyecciones del grafo (la que se muestra en la fig. 2) presenta una topografía interesante. En esta proyección, los nodos están representados según su grado de salida. Esto quiere decir que las palabras (nodos morados) incrementan su tamaño en función del número de veces que han sido utilizadas para describir una o varias obras por los participantes en la actividad.

 

 

Fig. 2. Clicar en la imagen para agrandar

 

 

Se puede comprobar que las palabras (nodos morados) se distribuyen espacialmente configurando una estructura bastante clara, que podríamos describir del siguiente modo:

a) Un cuerpo central, constituido por las palabras que se utilizan más ampliamente en la descripción de las siete obras (fig. 3). Son las palabras que dan mayor cohesión a este ecosistema. También son las que materializan el core, es decir, el conjunto de características comunes que lo definen. Con todo, también son las palabras que tienen menor identidad específica, si consideramos que se utilizan indistintamente para describir las siete obras que forman parte de esta actividad.

Fig. 3 Clicar en la imagen para agrandar

 

 

b) Palabras que se utilizan para describir solo una obra. Podríamos decir que estas son las palabras que describen la particularidad específica de cada obra. Por ejemplo, en la obra de Juan Gris, abundan las palabras que designan los objetos representados; en la obra de Sorolla, además, encontramos numerosas palabras que se relacionan con el carácter narrativo de la obra, mientras que en las obras de Kandisky y Pollock, las palabras empleadas tienen que ver con cuestiones compositivas y formales, y con los efectos emocionales que provocan.

A tenor del tipo de obras, parece que esta distribución de palabras obedece al sentido común. No obstante, también invita a la reflexión si tenemos en cuenta que en las obras de Gris y Sorolla existen igualmente elementos compositivos y formales, y, sin embargo, son mucho más numerosas las palabras que denotan las «cosas» representadas. Esta circunstancia es todavía más evidente en el caso de la obra de Sorolla.  Parece que la narrativa y la representación figurativa atrapan la mirada y la sustraen de la atención hacia otros elementos.

c) Palabras que actúan como puentes o conectores entre dos obras. En algunos casos, esta función conectora se realiza solo a través de una palabra, como sucede con la palabra «locura», que comparten las obras de Dalí y Kandinsky. En otros casos, esta conexión viene dada por un nutrido conjunto de palabras, como sucede con las palabras que conectan las obras de Dalí y Saura, o las que conectan las obras de Saura y Picasso, o de Picasso y Pollock.

Estos conjuntos de palabras podrían constituir materiales interesantes para analizar qué elementos son percibidos como comunes entre determinadas obras, más allá de los conceptos y categorías que los historiadores del arte solemos utilizar en nuestros ejercicios comparativos.  También podrían ser interesantes para detectar conexiones entre obras, percibidas por los espectadores, pero que suelen pasar desapercibidas cuando se analizan desde otros puntos de vista.

Otro parámetro interesante para proseguir con el análisis puede ser el índice de modularidad. En análisis de redes, el índice de modularidad detecta aquellas comunidades dentro del sistema que mantienen fuertes lazos de conexión entre sí.

Si a nuestro ecosistema aplicamos el índice de modularidad con valor de resolución 1 (fig. 4), podemos observar que cada obra constituye una comunidad lingüística en sí misma (cada comunidad coloreada de un color distinto) debido al elevado número de palabras específicas que tiene cada una de ellas.

Fig. 4. Clicar para agrandar

Si aplicamos el índice de modularidad con valor de resolución 3 (fig. 5), para así obtener comunidades más grandes, observamos que nuestro ecosistema queda articulado en 3 comunidades, lo cual nos permite observar cuáles son las obras que se encuentran más próximas en función de las palabras que comparten. Las obras de Saura, Picasso y Dalí constituyen una comunidad; las obras de Gris, Kandisky y Pollock otra; y Sorolla permanece como una comunidad lingüística diferenciada.

Fig. 5. Clicar para agrandar

Este es solo un experimento realizado con 15 participantes, a partir de un conjunto de datos muy simple, con escasa granularidad, con pocas obras y en el que, además, no hemos tenido en cuenta ni la polisemia ni la ambigüedad semántica que muchas veces presentan las palabras.  Hemos dado por hecho que los participantes han utilizado las palabras siempre con el mismo sentido (estaría por ver si ha sido así realmente).

Con todo, el ejercicio nos presenta un modelo de análisis que puede servir para el estudio de la relación palabra-imagen en términos de ecosistema.  La estructura que emana de esta proyección nos ofrece un esquema de indagación basado en la configuración de tres tipos de palabras que, a su vez, implican tres tipos de relación palabra-imagen; tres tipos de palabras que se distribuyen en la topografía del grafo en círculos concéntricos, de mayor a menor centralidad; y en el que destacan grupos de palabras que actúan como puentes de conexión entre determinadas obras.

A este ejercicio se le podrían agregar más capas de complejidad. Por ejemplo, incrementando la granularidad del conjunto de datos con más metadatos (categorización de tipos de palabras y obras, bagaje formativo de los participantes, etc.); expandiendo su alcance (más obras, de distintos periodos, estilos y poéticas,etc.); incorporando más participantes…

Asimismo, y si bien en esta actividad las obras han sido escogidas aleatoriamente, el modelo se podría utilizar para llevar a cabo una indagación más sistemática y orientada, por ejemplo,  para analizar el ecosistema lingüístico-icónico de un momento histórico-artístico que nos interese, de la obra de un autor en concreto, etc.


[1] Esta tarea estuvo precedida de una intensa sesión de debate en la que se abordaron las dificultades implícitas en la descripción lingüística de obras artísticas e imágenes de la cultura visual contemporánea.


Cita recomendada: Rodríguez Ortega, Nuria. «Indagando en ecosistemas icónico-ligüísticos. Un experimento docente». TransUMA (blog) (4/5/2020) (http://transuma.uma.es/indagando-en-ecosistemas-iconico-linguisticos-un-experimento-docente/) [fecha de consulta].

Leave a Reply

Your email address will not be published.